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Premiados

Restaurante creativo:  La Cabaña. Pablo González-Conejero  

En su penúltima propuesta, la cocina de Pablo González se fundía con los soportes que la contenían: «La forma en la que se experimenta continúa más allá de sus elementos naturales, de su materia prima. Se traslada al recipiente en el que adquiere su sentido. La forma como parte del fondo. La arquitectura del plato, la ausencia de condiciones, de barreras, de límites. La desaparición de los convencionalismos», se puede leer en la página web del restaurante. En su nueva apuesta, manteniendo la vigencia de estos conceptos, la experiencia en Cabaña Buenavista se hace global, al integrar en ella la finca y los jardines donde se ubica. «Hemos tardado, he tardado muchos años en darme cuenta de lo que tenía delante: un entorno maravilloso, idílico, que debíamos fusionar con los demás elementos de lo que ofrecemos, y sobre todo, con nuestra cocina», reconoce el chef. Detrás de cada bocado, un relato, una historia amparada en una serie de estímulos planificados con una precisión de relojero; en un entorno en el que todo está preparado, pensado para transportar al comensal a un universo de placer tranquilo, reflexivo, ajeno a toda turbación. El jurado valoró, además, la integración lograda entre espacios exteriores e interiores, y entre cocina y un servicio de sala impecable. Un restaurante que trasciende ya el ámbito nacional y tiene el mundo como ámbito de reconocimiento.

Restaurante tradicional. La Pequeña.

Ya no es tan pequeña. Pero cuando abrió por primera vez, en 1980, enfrente del establecimiento actual, apenas disponía de 30 metros cuadrados, y Francisco Miguel López tenía 16 años. Nueve más tarde, se amplió pero ya no había quien cambiara el nombre: La Pequeña Taberna. Hoy, en el subconsciente colectivo de habitantes de esta región, su nombre es un sinónimo de cocina tradicional murciana. Una cocina de gran calidad en sus productos, obtenidos de la huerta y de nuestras costas, con una elaboración rigurosamente apegada a las raíces, manteniendo platos ya míticos, como sus famosas alcachofas y otros ‘en vías de extinción’, que apenas se elaboran en otro lugar. Miguel recuerda «las chapinas, la sangre frita, los sesos a la plancha, que ya apenas se encuentran…». La Pequeña es calidad, cantidad y Murcia en el plato. 37 años más tarde, el restaurante sigue manteniendo su identidad de taberna de platos típicos, por lo que el jurado no tuvo muchas dudas para otorgarle el Premio al Mejor Restaurante Tradicional de la Región.

Jefe de cocina: Juan Antonio García (Churra) 

Otro referente imprescindible de la gastronomía murciana está representado entre los premiados de esta segunda edición. Juan Antonio García ha sido elegido como mejor jefe de cocina de la Región. Su reino es el restaurante El Churra, otro clásico de la restauración de la capital. Nacido en Cehegín el 18 de mayo de 1961, Juan Antonio empezó a trabajar en 1978 en la cocina del restaurante El Churra con tan solo 17 años. Estuvo al frente de las cocinas del Hospital Morales Meseguer y en 1998 ejerció como tal en el Palacete Rural la Seda. A los cuarenta años volvió a la cocina que le vio nacer, el restaurante El Churra, ocupando el puesto de jefe de cocina, donde hoy sigue ejerciendo. Aquí dirige un amplio equipo que atiende a los distintos y variados espacios de restauración de una marca que atrae cada día a cientos de comensales.

Jefe de sala: Jesús López Blázquez (La Cabaña) 

Jesús López Blázquez es responsable de este servicio en el restaurante de El Palmar. Ilicitano por origen, López Blázquez dirige la sala de Cabaña Buenavista desde 2004. Formado desde los 16 años en el restaurante La Finca (1 estrella Michelin), donde acabó ejerciendo de segundo ‘maître’, trabajó durante un año en las cocinas de Martín Berasategui (3 estrellas), antes de pasar a formar parte del equipo del restaurante murciano. El jurado apreció la comunión de la sala con la cocina, así como la fluidez del servicio y su exquisito cuidado en lograr en cada momento el correcto nivel de interacción con el comensal.

Proyecto revelación: Local de Ensayo (David López) 

Técnicas innovadoras son también las que utiliza el chef David López Carreño en su restaurante Local de Ensayo. El jurado de los II Premios de Gastronomía decidió elegir a este establecimiento como proyecto revelación del año. «Cocina de experimentación elaborada con corazón», es el lema de este restaurante, que nació hace poco más de un año de la mano de su propietario y chef, hellinero de nacimiento y murciano de adopción, que, pese a su juventud, cuenta con una vasta experiencia como docente, asesor y ponente en numerosos congresos, y como ganador de varias ediciones de los concursos Creajoven y Jecomur. Durante los años 2003/2005 fue jefe de cocina del mítico restaurante La Gran Taberna. Pero Local de Ensayo es su primer proyecto como restaurante de autor. El jurado ha tenido en cuenta sus extensos conocimientos de técnicas e ingredientes, su capacidad para integrar elementos de distintas culturas culinarias y su creatividad pegada al producto fresco y cercano. Según López Carreño, «para que una persona pueda experimentar en la mesa sensaciones de gozo y disfrute mientras degusta uno de nuestros platos, es imprescindible que nosotros las experimentemos en la cocina mientras los elaboramos».

Premio a toda una vida: Raimundo González.  

Cerrando el círculo, el maestro de todos, el referente histórico de la cocina murciana: Raimundo González Frutos, a quien el jurado ha decidido conceder el Premio a Toda una Vida. Desde sus lúcidos 91 años, quien fue propietario y chef del mítico Rincón de Pepe es la historia viva de la cocina española de las últimas cuatro décadas. El propio Juan Mari Arzak, el padre de ese movimiento de la nueva cocina vasca que acabó poniendo las cocinas españolas a la vanguardia mundial, relata: «No puedo borrar de mi recuerdo la desinteresada participación de Raimundo en aquella renovación rupturista culinaria de los setenta del pasado siglo, que impulsó también en su tierra». Una revolución promovida por el francés Paul Bocuse, que recuerda perfectamente Raimundo: «Aprendí mucho de él, no solo yo, sino todos los de la misma edad». Raimundo representa el respeto al producto y a los productores, respeto a la despensa local y regional, al patrimonio gastronómico de un territorio, respeto a su profesión y a sus clientes, y a una manera de hacer las cosas que 40 años después sigue estando plenamente vigente.